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Ensayos de violetta en 3 minutos Pronunciaciones de michel de montaigne

Hablando brevemente, mientras que toda la otra Europa se ahogaba en, y los órdenes feudales se tenían aun en fuerza completa, Italia era el país de la nueva cultura. Este país merece por la justicia ser la patria llamada de la etiqueta.

Por desgracia, es completamente borrada la declaración hermosa de Cervantes: "No vale nada tan barato y no vale tan caro, como la cortesía." La cortesía verdadera puede ser sólo benévola, puesto que ella - una de las manifestaciones de la benevolencia sincera, desinteresada por la relación a todas las otras personas, con que a la persona cae encontrarse en el trabajo, en la casa, donde vive, en los lugares públicos. Con los compañeros del trabajo, con muchas conocidas en la vida cotidiana la cortesía puede ser pasada en la amistad, pero la benevolencia orgánica a las personas en general - la base obligatoria de la cortesía. La cultura verdadera de la conducta - allí, donde los actos de la persona en todas las situaciones, su contenido y la manifestación exterior sale de los principios morales de la moral y les corresponden.

Debe poner nunca las visitas a las horas de la siesta. En el tren inviten a sus vecinos a m obligatoriamente junto con usted. Se negarán, así como debéis hacerlo si esto le es propuesto.

Las maneras se refieren a la cultura de la conducta de la persona y son regulados por la etiqueta. La etiqueta sobreentiende la relación benévola y valedera a todas las personas, independientemente de su puesto y la posición social. Él incluye el recurso cortés con la mujer, la relación respetuosa a los mayores, la forma del recurso a los mayores, la forma del recurso y el saludo, la regla de la gestión de la conversación, la conducta a la mesa. En total la etiqueta en la sociedad civilizada coincide con las exigencias generales de la cortesía, en que base están los principios del humanismo.

En la sociedad por las maneras buenas se consideran la modestia y la reserva de la persona, la habilidad de controlar los actos, es atento y con tacto comunicarse con otras personas. Por las maneras malas es aceptado contar fuertemente hablar las costumbres, no reparando en expresiones, el descaro en la gesticulación y la conducta, el desaseo en la ropa, la brutalidad, manifestado en la malevolencia franca a los circunstantes, en el menosprecio a los intereses ajenos y las interpelaciones, en la imposición descarada a otras personas de la voluntad y los deseos, en la inhabilidad contener la irritación, en la ofensa intencionada dignidad de las personas que rodean, en la falta de tacto, las obscenidades, el uso de los apodos humillantes de los apodos.

Sigo comenzar nunca de la declaración "a usted demostraré esto y esto". Esto es equivalente a aquel, cuentan los psicólogos para decir: "le soy más inteligente, voy a decir y hacer algo cambiar la opinión". Es la llamada. Esto engendra a su interlocutor la resistencia interior y el deseo de luchar con usted antes de habéis comenzado la disputa.

A todo son conocidas las expresiones: "la cortesía fría", "la cortesía de hielo", "la cortesía despreciativa", en que los epítetos añadidos a esta cualidad hermosa humana, no sólo matan su esencia, pero la transforman en el contraste.

El tacto, la delicadeza sobreentienden también la capacidad rápidamente y sin faltas determinar la reacción de los interlocutores a nuestra declaración, los actos y en los casos necesarios es autocrítico, sin sentimiento de la falsa vergüenza pedir perdón por la falta cometida. Esto no sólo no dejará caer dignidad pero, al contrario, lo reforzará en la opinión de las personas pensantes, habiéndoles mostrado su rasgo humano exclusivamente de valor - la modestia.

Debe notar que la persona táctica y educada se porta en concordancia con las normas de la etiqueta no sólo en las ceremonias oficiales, sino también en casa. La cortesía verdadera, en que base está la buena voluntad, es condicionada por el acta, el sentido de la medida que sopla que es posible, y de que no es posible hacer en unas u otras circunstancias. Tal persona alterará nunca el orden público, ni la palabra, ni por el acto no ofenderá otro, no ofenderá su dignidad.